La Festa al Cel y la Red Bull Air Race cierran una Mercè de altura
Cerca de 1.400.000 personas siguieron el festival el fin de semana, 200.000 más de las esperadas.
La organización reivindica el papel de BCN en la aeronáutica mundial y aplaude el nivel de civismo.
La fiesta reservada al cielo se trasladó a la playa, al paseo marítimo, a los balcones, a las azoteas y a los más de 200 barcos que dibujaban un horizonte de mástiles. «Me siento orgulloso de ser de Barcelona, es un lujazo que podamos tener algo así», resumía con vehemencia Ramón, un espectador de 42 años que lucía una rara gorra que regalaba una firma de coches. Si el recuento municipal de 1.400.000 personas (800.000 ayer y 600.000 el sábado) es fiable, la Festa al Cel y la Red Bull Air Race han logrado que la Mercè 2009 cierre como la más concurrida de la historia.
Un Harrier del Ejército se encargó de espabilar a los perezosos poco antes de las doce mientras los Castellers de Vilafranca levantaban un cuatre de set sobre la arena. Poco después, y al ritmo de Niña Pastori y el tema Tú me camelas, aterrizaba en la playa la patrulla PAPEA de paracaidistas, que se anotaba la primera gran ovación de la jornada. Le siguió un Airbus A-320 en vuelo raso; un homenaje al primer servicio comercial que se realizó entre Tou-
louse y la capital catalana hace ahora 90 años. «El peso de Barcelona en el mundo de la aeronáutica ha sido históricamente muy notable y eso es algo que debemos celebrar ahora y siempre», explicaba a este diario Lluís Gómez, director de promoción aeroespacial del ayuntamiento, que destacó también «el elevado nivel de civismo de todo el público».
La Red Bull Air Race fue el eje de la fiesta. El público estaba pendiente del piloto español Alex Maclean, cuyo motor, muy por debajo del rendimiento de la mayoría, le dejó fuera de la final. «Ha sido un honor competir aquí, pero no puedo decir que estoy contento», decía en la entrega de trofeos. El título se lo llevó el británico Paul Bonhomme, cuyas piruetas no solo le dieron la victoria de la prueba sino de todo el campeonato.
HERMANAMIENTO / Podría pensarse que la fórmula 1 del aire ha engullido la Festa al Cel, pero Gómez, alma mater del festival aéreo, no lo ve así. «Ha sido un hermanamiento perfecto entre unos y otros y esperamos poder tenerles de vuelta el año que viene o en el 2011», adelantó.
El público hizo una extraordinaria demostración de supervivencia. Neveras de playa, sillas de plástico, tupperwares de todos los colores, crema solar, gafas de sol, anteojos y cámaras, muchas cámaras de fotos. Los niños y los papás disfrutaban más que las niñas y las mamás; muchos extranjeros seguían la carrera como un culé devora un Barça-Madrid. Iban pintados, conocían a todos los pilotos y a cada viraje le añadían comentarios como «ese vuelo en cuchillo ha sido flojo» o «le van a penalizar por pasar la puerta por encima». Luego, en el podio, gritaron, bebieron y lograron algún que otro autógrafo de los pilotos.
Merece un aparte el montaje musical que acompañaba a los aviones. Benny Goodman para un viejo caza de la segunda guerra mundial, Aerosmith para un moderno helicóptero que hacía piruetas y la banda sonora de Piratas del Caribe y Pulp Fiction para el equipo Breitling de acrobacias. El speaker castellano, con un tono algo sobreactuado que ponía nervioso a más de uno, también ayudaba a dar emoción a la cosa, aunque lo que pasara en ese momento fuera un avión de extinción de incendios.
HÉROES POR UN DÍA / A la patrulla PAPEA le salió trabajo tras el salto. Con los paracaídas ya doblados y en la bolsa, bajaron a tomarse una cerveza en unos de los chiringuitos de la playa del Bogatell. Todo el mundo se hacía fotos con ellos y no tuvieron un no para nadie. «Héroes por un día», bromeaba uno de ellos. Su comandante, José Vicente Royo, un veterano que lleva 31 años en activo, aseguraba que el contacto con la gente «es uno de los mejores momentos de la profesión» y explicaba que la Festa al Cel es uno de los festivales aéreos «mejor organizados».
Junto a ellos estaba Ángel Morga, un saltador que el 18 de diciembre tuvo un mal salto que le obliga a ir en una silla de ruedas y que intenta recuperar la movilidad con exigentes sesiones de rehabilitación. El año pasado fue uno de los que saltó y sus compañeros no se apartan de su lado. En el 2010 promete volver. «Hasta el año que viene», se despidió.
fuente/elperiodico.com/